Hay frases que muchas madres piensan, pero no se atreven a decir en voz alta.
Una de ellas es esta:
“No disfruto de mi maternidad.”
Y solo pensarlo ya pesa.
Porque parece que, si lo dices, estás diciendo algo terrible. Como si reconocer que no estás disfrutando significara que no quieres a tus hijos, que eres mala madre o que te has equivocado.
Pero no.
No disfrutar de la maternidad no significa que no quieras a tu bebé. Tampoco significa que seas mala madre. A veces significa que estás agotada, que te sientes sola, que todo ha cambiado demasiado rápido, que tu cuerpo, tu tiempo, tu relación de pareja y hasta tu forma de verte ya no son los mismos.
A veces significa que la maternidad real no se parece tanto a la que imaginabas.
Y que necesitas poder decirlo sin sentirte juzgada.
Índice de contenidos
- Cuando la maternidad no se parece a lo que esperabas
- Puedes querer a tus hijos y no estar disfrutando
- La culpa por no disfrutar de la maternidad
- “Quiero a mi bebé, pero no soy feliz”
- Por qué puede costarte disfrutar de la maternidad
- No me reconozco desde que soy madre
- Cuando además hay ansiedad o tristeza
- La maternidad también puede afectar a la pareja
- No disfrutar no significa arrepentirse
- Cuándo pedir ayuda
- Cómo puede ayudarte la terapia online
- No tienes que fingir que puedes con todo
Cuando la maternidad no se parece a lo que esperabas
Muchas mujeres llegan a la maternidad con una imagen muy concreta en la cabeza. Un bebé en brazos, momentos de calma, ternura, amor, una sensación de plenitud.
Y sí, claro que puede haber momentos así.
Pero también puede haber noches sin dormir, llanto, dudas, cuerpo dolorido, discusiones, pérdida de intimidad, falta de tiempo, culpa y una sensación constante de estar llegando tarde a todo.
A veces la maternidad no se vive como una etapa luminosa, sino como una etapa que te atraviesa por completo.
Y entonces aparece una pregunta que duele muchísimo:
“¿Por qué no estoy disfrutando como se supone que debería?”
La respuesta no suele ser una sola. Puede haber cansancio acumulado, ansiedad, tristeza, soledad, falta de apoyo, un postparto difícil, una historia personal que se remueve o unas expectativas imposibles sobre lo que significa ser madre.
Pero hay algo importante: que estés sintiendo esto no te convierte en mala madre.
Te convierte en una mujer viviendo una etapa enorme, intensa y, muchas veces, muy poco sostenida.
Puedes querer a tus hijos y no estar disfrutando
Esta es una de las ideas más importantes.
Querer y disfrutar no siempre van de la mano.
Puedes querer profundamente a tus hijos y, aun así, sentirte desbordada. Puedes mirarlos y sentir amor, y cinco minutos después necesitar silencio, espacio o desaparecer un rato. Puedes cuidar, abrazar, atender, sostener y seguir sintiendo que no puedes más.
Puedes amar a tu bebé y echar de menos tu vida de antes.
Puedes estar agradecida y, al mismo tiempo, necesitar ayuda.
La maternidad no borra tus necesidades como mujer. No elimina tu cansancio, tu deseo, tu identidad, tu necesidad de descanso ni tu derecho a tener un espacio propio.
Por eso, cuando una madre dice “no disfruto de mi maternidad”, muchas veces no está diciendo “no quiero a mis hijos”.
Está diciendo:
“No sé cómo seguir así sin perderme yo.”
La culpa por no disfrutar de la maternidad
La culpa suele aparecer muy rápido.
No solo te sientes mal. También te juzgas por sentirte mal.
Te dices que deberías estar feliz, que hay mujeres que no pueden ser madres y tú te estás quejando, que tus hijos no tienen la culpa, que seguro que otras madres lo llevan mejor, que no deberías sentir esto, que algo estás haciendo mal.
Y cuanto más intentas taparlo, más sola te sientes.
Porque por fuera sigues funcionando. Haces lo que toca. Cuidas, respondes, organizas, das el pecho o preparas biberones, llevas al cole, haces la cena, contestas mensajes y sonríes cuando alguien te dice: “disfruta, que pasa muy rápido”.
Pero por dentro quizá estás pensando:
“No puedo más.”
La culpa materna puede ser muy silenciosa. Y precisamente por eso pesa tanto.
En terapia no se trata de juzgarte ni de decirte cómo deberías sentirte. Se trata de poder mirar esa culpa con calma, entender de dónde viene y empezar a diferenciar entre lo que necesitas revisar y lo que simplemente te estás exigiendo de más.
“Quiero a mi bebé, pero no soy feliz”
Esta frase aparece muchas veces en mujeres que están atravesando el embarazo, el postparto o los primeros años de maternidad.
“Quiero a mi bebé, pero no soy feliz.”
Y suele venir acompañada de mucha vergüenza.
Porque parece que una cosa contradice a la otra. Como si querer a tu bebé tuviera que significar estar bien, sentir plenitud y disfrutar cada momento.
Pero la realidad es mucho más compleja.
Puedes querer a tu bebé y sentir miedo, puedes quererle y sentirte atrapada, puedes quererle y echar de menos quién eras antes, puedes quererle y no reconocerte en esta nueva versión de ti.
El vínculo no siempre aparece como una escena perfecta. A veces se construye poco a poco. A veces convive con el cansancio, la ansiedad, la tristeza, el dolor, la rabia o la sensación de extrañeza.
Eso no significa que no haya amor.
Significa que quizá necesitas más sostén del que estás teniendo.
Por qué puede costarte disfrutar de la maternidad
No disfrutar de la maternidad puede tener muchas causas. A veces hay una muy clara. Otras veces se mezclan tantas cosas que cuesta incluso ponerles nombre.
Puede influir el cansancio acumulado, la falta de sueño, la sensación de estar siempre disponible, la pérdida de libertad, la carga mental, la soledad, una pareja que no está acompañando como necesitas, un embarazo complicado, un parto difícil, un postparto que no imaginabas así, la ansiedad, la tristeza, la autoexigencia, la falta de red o la presión de hacerlo todo bien.
También puede pasar que, desde fuera, aparentemente todo esté bien.
Tu bebé está bien, tienes casa, tienes pareja, tienes trabajo, la gente te dice que tienes suerte. Y aun así, tú no estás bien.
Eso también cuenta.
No necesitas tener una razón “lo bastante grave” para pedir ayuda. No hace falta esperar a romperte del todo para reconocer que algo pesa demasiado.
No me reconozco desde que soy madre
Una de las sensaciones más difíciles de explicar es esta:
“No me reconozco desde que soy madre.”
No siempre es tristeza. No siempre es ansiedad. A veces es una sensación rara de haberte perdido.
Antes eras tú, con tus planes, tus ritmos, tus gustos, tu cuerpo, tu tiempo, tus conversaciones, tu forma de vestir, tu vida de pareja, tus momentos de silencio.
Y de pronto todo gira alrededor de otra persona.
Tu agenda cambia, tu cuerpo cambia, tu sueño cambia, tu relación cambia, tus prioridades cambian y tu forma de mirarte también.
Y aunque quieres a tus hijos, puede aparecer una pregunta incómoda:
“¿Dónde estoy yo?”
La maternidad transforma la identidad. Pero cuando esa transformación ocurre sin espacio, sin apoyo y sin poder hablar de lo que estás perdiendo por el camino, puede sentirse como una especie de duelo.
No porque no quieras tu vida actual.
Sino porque también echas de menos partes de ti: tu libertad, tu calma, tu cuerpo como algo tuyo, tu deseo, tu energía, tu espontaneidad, tu relación de antes o tu forma de estar en el mundo.
En terapia, este tema aparece mucho. Y no se trabaja desde la culpa, sino desde la posibilidad de hacerte un hueco dentro de tu propia maternidad.
Porque ser madre no debería significar desaparecer.
Cuando además hay ansiedad o tristeza
A veces, no disfrutar de la maternidad viene acompañado de ansiedad, tristeza, irritabilidad o sensación de desborde.
Puede que te cueste descansar incluso cuando tienes un rato libre, que estés todo el día en alerta, que llores con facilidad, que te enfades más de lo que te gustaría, que tengas pensamientos que te asustan o que sientas que no eres tú.
Cuando esto ocurre durante el embarazo, el postparto o los primeros años de maternidad, es importante no quitarle importancia.
No para asustarte. Al contrario.
Para que no tengas que vivirlo sola.
La psicología perinatal online puede ayudarte a entender qué está pasando, poner palabras a lo que sientes y acompañarte en una etapa en la que muchas mujeres sienten que deberían estar bien, pero por dentro están desbordadas.
No se trata de ponerte una etiqueta rápido.
Se trata de escucharte de verdad.
Si en algún momento tienes pensamientos de hacerte daño, de hacer daño a tu bebé o sientes que no puedes manteneros a salvo, es importante pedir ayuda urgente a servicios sanitarios o de emergencia.
La maternidad también puede afectar a la pareja
Cuando no estás disfrutando de la maternidad, muchas veces la relación de pareja también se resiente.
No siempre pasa de golpe. A veces empieza con pequeñas discusiones, con menos paciencia, con más silencios, con la sensación de que cada uno está sobreviviendo por su lado.
Puede haber más reproches, menos intimidad, más distancia, más carga mental y una sensación muy dolorosa de soledad dentro de la propia relación.
Quizá antes os buscabais más. Quizá antes os reíais más. Quizá antes había más deseo, más calma o más complicidad. Y ahora parece que todo son tareas, horarios, cansancio y conversaciones pendientes.
A veces una parte siente que sostiene demasiado. La otra siente que nunca hace suficiente. Y poco a poco la pareja deja de sentirse refugio.
Si la maternidad está afectando a vuestra relación, puede ser útil valorar la terapia de pareja online, especialmente cuando sentís que os queréis, pero ya no sabéis cómo encontraros dentro de esta nueva etapa.
No disfrutar no significa arrepentirse
A muchas madres les da miedo decir que no están disfrutando porque temen que se interprete como arrepentimiento.
Pero no es lo mismo.
Puedes no arrepentirte de ser madre y, aun así, estar pasándolo mal.
Puedes amar a tus hijos y necesitar espacio. Puedes estar feliz de que existan y echar de menos tu vida anterior. Puedes querer cuidarles y necesitar que alguien te cuide a ti. Puedes ser buena madre y no poder más.
La maternidad no debería obligarte a estar agradecida todo el tiempo.
También puedes estar cansada, triste, enfadada, saturada o perdida.
Y nada de eso borra el amor que sientes.
Cuándo pedir ayuda
No hace falta esperar a estar al límite para pedir ayuda.
Puedes valorar empezar terapia si sientes que la maternidad se ha convertido en una carga demasiado pesada, si notas que llevas tiempo sintiéndote mal y no consigues salir de ahí sola, si la culpa ocupa mucho espacio, si estás triste, ansiosa o irritable, si no te reconoces desde que eres madre, si sientes que estás sobreviviendo en vez de vivir o si te da miedo contar lo que pasa por tu cabeza.
También puede ser momento de pedir ayuda si la maternidad está afectando a tu relación de pareja, si te cuesta conectar con tu bebé o con tus hijos como esperabas, si sientes que no tienes espacio para ti o si no sabes explicar exactamente qué te pasa, pero notas que no estás bien.
Pedir ayuda no significa que seas menos madre.
Significa que tú también necesitas espacio, escucha y cuidado.
Cómo puede ayudarte la terapia online
La terapia online puede ayudarte a poner palabras a lo que estás viviendo, entender de dónde viene tu malestar y construir recursos para atravesar esta etapa con más calma.
Desde la psicología perinatal online podemos trabajar la culpa materna, la ansiedad, el postparto, el vínculo, la autoexigencia, la identidad, la carga mental y los cambios en la pareja.
No se trata de obligarte a disfrutar.
Tampoco de decirte cómo deberías sentirte.
Se trata de acompañarte para que puedas entenderte mejor, bajar la culpa y encontrar una forma de vivir la maternidad en la que tú también tengas un lugar.
Porque tus hijos importan.
Y tú también.
No tienes que fingir que puedes con todo
Si no estás disfrutando de tu maternidad, no tienes que seguir fingiendo que todo está bien.
Puedes querer a tus hijos y necesitar ayuda. Puedes estar haciendo lo mejor que puedes y sentir que necesitas sostén. Puedes ser buena madre y no poder más.
En Natalia Segura Psicología acompañamos a mujeres y madres en procesos de maternidad, embarazo, postparto, culpa, ansiedad, identidad, vínculo y pareja desde una mirada cercana y sin juicio.
La terapia puede ser un espacio para dejar de exigirte tanto, entender qué te está pasando y empezar a cuidarte también a ti.
Puedes escribirnos para reservar tu primera sesión y valorar juntas qué tipo de acompañamiento encaja mejor contigo.



